jueves, 15 de diciembre de 2011

Él cree que ustedes: los filósofos..., no mejor aún, la filosofía, señala que mi manera de “ver” es detestable; pero él también señala que ella conserva la misma característica. (6)

Puedo sostener mi cabeza firmemente al apoyar mis brazos sobre mis rodillas

Dice también, que si esto no es comprendido..., es que ella no lo plantea tan claramente como yo.

Estos ojos son los ojos de la vejez, temblorosos y alicaídos

Mientras me sitúo frente al terreno de la acción, ella lo hace en el de la contemplación. En la práctica ella debería obtener el mismo resultado pero expresándolo de otra manera.


Voy a tratar de no respirar

Que realizo “la mediación” de los contrarios en una locura superior, mientras que la filosofía en una síntesis superior. Mientras miro al futuro ella lo hace hacia el pasado, que puedo hacer esto o aquello y la filosofía señala que sucedió en el mundo, que cualquier cosa que haga es un error mientras ésta sintetiza los discursos y al final termino por no hacer nada y ella continua en su mediación.


La decisión es mía. He vivido una vida en plenitud

Contrariándome, esta se niega a responder lo que le pregunto al cuestionarme sobre el provenir. Es exacto decir que me respondo a mi mismo, aunque esto sea un contrasentido.

Y estos son los ojos que quiero que tú recuerdes

Él supone que la filosofía tiene razón ahora, que el principio de la contradicción sea realmente suprimido, que los filósofos lo supriman a cada instante en la síntesis superior que tiene por objeto el pensamiento.

Necesito algo para volar sobre mi tumba una vez más

Y me señala que esto no es aplicable al porvenir, pues manifiesta que es necesario que los contrarios hayan existido antes de que yo pueda hacer la mediación. Si hay un contraste, hay un: “o lo uno o lo otro”. El filósofo dice:


Necesito algo para respirar

Avanza más aun en su meditación y entiende que el contraste no existe para el pensamiento, el cual se resuelve en la otra cosa y, luego, en una síntesis superior. Mientras que el contraste si existe para la libertad, pues esta lo excluye.

Voy a tratar de no agobiarte

La exclusión es el contraste de la mediación”.

Puedo reservarlas en lo íntimo. Voy a aguantar la respiración

Establece un ejemplo a continuación, nos presenta a un hombre de edad que mira hacia el pasado de su agitada vida, en ese momento recibirá por el pensamiento una mediación. Pues su historia estaba intercalada en la del tiempo; pero, interiormente, no habrá mediación.

Hasta que los temblores sucumban

Allí, “o lo uno o lo otro” separará siempre lo que estaba separado cuando él elegía. Si pudiera hablarse en ese caso de una mediación, habría que decir que se trata de arrepentimiento; pero el arrepentimiento no es una mediación.


Solo mira mis ojos

Él no mira con envidia lo que debe ser el objeto de la mediación, su cólera lo devora; pero es, como la exclusión, el contraste de la mediación.


Voy a tratar de no preocuparte

Al establecer la realidad del arrepentimiento, éste no admite un mal radical. El arrepentirse es una expresión de conciliación, pero es, además, una expresión absolutamente irreconciliable.


He visto cosas que tú nunca verás

Se interrumpe la meditación. Sugiere un posible desencanto en mi reflexión, ya que plantea que mis ojos la devoran sin saciarse pero señala que los ojos son los últimos en satisfacerse.

Dejémoslo en mi memoria. Me estremece el respirar

Por ejemplo, cuando no se tiene hambre, como en mí caso según él, y no se sufre de una codicia de los ojos que no puede ser complacida.


Quiero que recuerdes (tú nunca podrás)

O lo uno o lo otro”.


Necesito algo que me ayude a volar

Gracias a esta reflexión es que surge la ética. No se trata, en este caso, de la elección de algo, ni de la realidad de lo que ha sido elegido; sino de la realidad de la elección.


Sobre mi tumba nuevamente (tú nunca podrás)


(*) Las frases en negro y cursiva, que se encuentran centradas, son tipiadas en el ordenador y proyectadas en la pared, no van a ser pronunciadas oralmente.

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